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“Ha pasado un ángel” -recordando a Lhasa de Sela-

Publicado: diciembre 17, 2010 de albertomelgares en Música, Uncategorized
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Este era el titular de la crónica del concierto aparecida el 15 de julio de 2004 del diario murciano La Verdad cuando el día antes Lhasa de Sela había actuado en el ya mítico Festival de La Mar de Músicas de Cartagena. El 3 de enero de este año que se va se publicó un comunicado desde su ciudad de acogida en el que se daba la noticia de la muerte a causa de un cáncer de mama en la noche del año nuevo a la edad de 37 años. La misiva se cerraba diciendo “ha nevado más de 40 horas en Montreal después de su marcha”

Nacida en el estado de Nueva York, de padre mexicano y madre norteamericana, pasó parte de su infancia viajando por los países de sus progenitores. Lhasa, como la capital del Tíbet, era una extranjera extraña. “En México –recordaba- yo era una falsa mexicana porque no tenía el pelo negro; en Estados Unidos, una falsa americana porque no conocía los personajes de la televisión”. En esos viajes la música siempre estaba presente: clásica, japonesa, árabe, sudamericana, Dylan… mientras, sus padres animan a ella y a sus hermanas que alimentasen la imaginación. Cuando la familia Sela se instala en San Francisco, Lhasa tiene 13 años, edad a la que comienza a cantar en un café de la ciudad y a practicar la escultura y la pintura. Algunos años después se traslada a Montreal, donde sus hermanas estudiaban en una escuela de artes circenses. Ella no habla una palabra de francés. Entonces el rockero local Yves Desrosiers ve pasar un ángel, más bien la escucha: “Fui golpeado por su voz, muy especial, como una canción de cuna gitana”. Y es de ahí que nace el primer disco de 1997, “La Llorona”, cantado en español, en Montreal y cuya portada está hecha por la misma cantante. Se trata de un retrato del mito azteca desfigurado por le dolor. En el disco se notan todas sus influencias como Billie Holiday, Jacques Brel, Chavela Vargas, Tom Waits, Victor Jara… Lhasa canta profundo, desde otro tiempo y otro lugar, desde donde no hay prisa porque lo que canta en 4 minutos son las cosas eternas, canta triste pero después de cada canción siempre tiene una sonrisa en la boca. El diario francés “Liberation” del 7 de abril de 1998 titulaba así el texto que presentaba el disco y el concierto de la artista esa noche en París: “Lhasa, lágrimas en la voz”

Pasa tres años en Francia para de nuevo volver a la ciudad quebequés, que ella consideraba como su casa. Para que en 2003 saliera su segundo disco “The Living Road” esta vez cantado en español, francés e inglés. De cuya portada se volvió a encargar personalmente.

Y no fue hasta 2009 que no publicó su tercer y último disco esta vez enteramente en inglés llamado homónimamente “Lhasa”. Este último aun si cabe más delicado e intimista que los anteriores. Todo tan delicado que parece que se va a romper de un momento a otro. Hasta que ella se quebró.