Mi reina del pop

Publicado: enero 19, 2010 de miss_antartida en Curiosidades
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Los que sigan este blog sabrán de nuestra tendencia a desvariar de vez en cuando, a imaginarnos situaciones inverosímiles como lo que pasaría si Thom Yorke llegara un día a nuestra casa… ¡E incluso tenemos que andarnos con cuidado, porque a veces se pueden convertir en realidad!

Inspirado por este tipo de preguntas surrealistas, hace unos meses nuestro amigo y seguidor Capitán Ártico escribió un relato titulado Mi reina del pop, que para orgullo de todos fue seleccionado en el concurso de relatos cortos que organiza cada verano el periódico Ideal, y que nos ha parecido buena idea rescatar y compartir desde aquí, que para algo este blog ejerció como musa
¡Que lo disfrutéis!

Mi reina del pop

La luz que entraba entre los vanos de la persiana bajada había conseguido que abriera levemente los ojos y volviera la cara en busca de la oscuridad. Pese a que había dormido más que suficiente, mi cuerpo se negaba a moverse y continué un buen rato tumbado boca abajo mientras escuchaba el ruido que hacía el ventilador, el cual me había causado, por otra parte, un ligero dolor de cabeza. Sentía en mi espalda esa capa de sudor seco y en la boca, también seca, una mezcla residual de cigarrillos y ron que seguramente había contribuido a ése dolor. Poco a poco fui recuperando la posición en el espacio y las fuerzas, así que levanté la mirada para ver los dígitos rojos del despertador.

Las doce y cuarenta y ocho de la tarde. Lancé un resoplido y clavé de nuevo la cara en la almohada. Qué horror, ¿dónde estuve anoche? Poco a poco acerté a incorporarme y me senté en el filo de la cama cabizbajo para coger un poco de aire. En ese momento, un ligero ruido fuera de mi habitación me alertó. Había alguien en mi casa, posiblemente en la cocina a juzgar por el alboroto de instrumentos metálicos. No recordaba haber traído a nadie a casa en la noche anterior, aunque no era la primera vez que esto me ocurría.

Con torpeza, abrí la puerta del dormitorio y salí de la habitación. La luz de la tarde que entraba por todas partes me cegó por unos instantes, por lo que llegué a la cocina casi a tientas. Cuando levanté la mirada no pude creerlo. Parpadeé dos veces hasta estar seguro de lo que veía, pero sin duda era ella. Enfundada en unos pantalones de cuero y con un delantal, se movía con soltura sobre sus plataformas plateadas. Así, me miró, sonrió y extendió el brazo para darme un plato de huevos revueltos de dudoso aspecto. Buenos días, me dijo, y salió de la cocina. No daba crédito, ¡Madonna me había hecho el desayuno!

¿Cómo era posible? ¿Qué hacía Madonna, la reina del pop, en mi cocina? Me quedé paralizado por unos instantes, y observé la estancia. Había varios cascarones de huevo sobre la encimera, en el fregadero se apilaban unos cuantos cacharros y observé restos de clara en el suelo. La sartén, vacía, seguía en el fuego, por lo que solté el plato y corrí a apagarlo antes de que se incendiaran los restos de aceite. Volví a mi habitación y Madonna ya había levantado la persiana y apagado el ventilador. También había quitado las sábanas de cama. ¿Me he acostado con Madonna? Imposible. No recordaba nada.

Me apresuré hasta llegar al salón para verla de nuevo. No estaba allí, aunque su ropa se encontraba colocada por todas partes: tangas de colores chillones, tops de lentejuelas, un par de zapatos de aguja, mallas de lycra, y al menos tres pelucas sobre la mesa y el televisor, según conté en un primer vistazo. De repente, escuché música que provenía de la parte de atrás, la cual estuvo acompañada de un potente ruido a los pocos segundos. Corrí hacia el estudio donde realizaba mis bocetos y en el pasillo encontré a Madonna, esta vez pasando la aspiradora alegremente. No quise acercarme demasiado, por aquello de que no se puede tocar a las estrellas, pero sí comencé a llamarla, aunque aquel estruendo sumado a que comenzó a cantar lo que parecía ser Like a prayer impidió que me oyera.

Volví al salón. Seguía sin creer lo que me estaba pasando. Adoraba a Madonna desde mi juventud y ahora limpiaba el polvo de los cuadros de mi estudio. ¿Por qué me tenía que pasar esto ahora? ¿Por qué justo una semana antes de mi boda? Me senté un momento para intentar asimilar lo que ocurría. La situación me desbordaba, pero estaba claro que Madonna no permanecería mucho más tiempo en mi casa, era una oportunidad única que a poca gente se le ha presentado en su vida. Volví la cabeza y la observé mientras repasaba el polvo de los libros de la estantería.

Estaba claro. Madonna se había instalado en mi casa, la de un hombre normal y con pocas preocupaciones. Un hombre con una vida sin sobresaltos, sosegada y rutinaria, pero feliz al mismo tiempo. Seguramente Madonna se había cansado de dar conciertos, protagonizar escándalos, grabar discos y asistir a galas. Había estado vigilándome, me convertí en su candidato ideal, un hombre poco exigente y con quien compartir una vida relajada y tranquila, alejada de los entrometidos periodistas del corazón.

Animado por la idea, me levanté de un salto y me dirigí hacia el dormitorio, accedí al armario y me coloqué el chaqué que llevaría el día de mi boda, abrí el cajón de la mesita de noche y guardé en el bolsillo de la chaqueta un pequeño estuche. Me calcé los zapatos y regresé al salón. Me dirigí hacia ella y, con decisión, le cogí de la mano, clavé una rodilla sobre la moqueta y le dije mientras mostraba el anillo del estuche:

Madonna, ya sé porqué estás aquí, cásate conmigo.

Pero cariño, tú y yo no podemos casarnos -me dijo con una expresión tierna y nerviosa.

¿Por qué no? -pregunté.

Bueno, lo primero es que yo no soy rubia natural.

No me importa. -contesté.

También fumo, fumo muchísimo y no quiero dejarlo.

Es igual, yo también fumo.

Además, tengo un horrible pasado, todo el mundo lo sabe.

Te lo perdono.

No lo entiendes, nunca podré tener hijos.

¡Los adoptaremos!, le respondí.

Finalmente, desesperada ante mi insistencia, Madonna se quitó la peluca y me dijo:

¡No me comprendes! ¡Soy un hombre!

Con una sonrisa, me levanté, me acerqué a Madonna y le susurré al oído:

Ahora eres perfecta.

Mi reina del pop fue publicado en la edición del periódico Ideal del 29 de agosto de 2009.

comentarios
  1. […] la lista destacan la multitud de veces que aparecen algunos artistas como Madonna, que no sólo es reina del pop sino también del videoclip y es la que más aparece con 5 menciones. Aunque por encima de ella se […]

  2. NaH dice:

    Es muy largo esto, en fin para mi la única reina (no se si la encajaría en pop) es la grandiosa Shirley Manson, esa mujer es pura energía!

    La colorada si sabia como ponernos a todos calientes y agarrarnos de las pelotas!

  3. Eleazar dice:

    Gente no se si ustedes quieren a Madona a Lady Gaga pero yo Solo Puedo votar por Shakira es la mejor canditata pa mi tienes las mejores canciones y sus exitos Waka Waka la Loba Loca Feat Sale el sol yo solo doy mi opinion y espero que todos los que quieran voten Por Shakira! Ella es la mejor Cantidata

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