Nacho Umbert & La compañia – Ay…

Publicado: mayo 9, 2010 de tchock en Música
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Nacho Umbert era parte importante de Paperhouse, un grupo que la mayoría de nosotros no hemos llegado a escuchar (aunque lo haremos) ya que su único disco, Adiós, fue editado en 1996. Desde aquello, se ha mantenido en el anonimato, como hacen los genios, mostrándose en silencio si no tienes nada que decir, alejado de las presiones de las discográficas para editar cada cierto tiempo y mantener una legión fiel de seguidores. Así, y con la ayuda estelar de Raúl Fernandez Refree y La Compañia ha tenido la oportunidad de brindarnos uno de los discos nacionales más bellos del año. Un pop onírico y costumbrista que te cala muy despacio, pero muy dentro, casi sin que te des cuenta.

El punto fuerte de Ay… son sus letras, sus historias y la forma en las que Nacho Umbert las cuenta, como el abuelo que habla a su nieto, como el amigo que te cuenta un secreto, su voz inspira confianza y tranquilidad. Por ello, sus canciones son poco edulcoradas en cuanto a arreglos, son sencillos, precisos, exactos, como ese xilófono perfecto al inicio de Colorete y Quitasueño. Todo esto está en consonancia con lo que cuentan las diez bellas historias de Ay…, costumbrismo, sencillez, historias de pueblo, como si El Camino de Miguel Delibes se hubiera musicado y actualizado al Siglo XXI. Cien hombre ni uno más nos cuenta la historia de un pueblo de marineros, de sus vidas y sus sentimientos y sus sueños. Colorete y Quitasueño es la obra maestra del disco, comienza despacio y triste, como la infancia del protagonista, pero cambia a mitad de la canción, y nos cuenta sus noches actuales, llenas de jolgorio y travestismo. Confidencias en el palomar son las conversaciones de un par de ancianos entrañables, aderezados con fragmentos en catalán y sueños con la vecina del quinto primera. La verdad es que me da igual nos enlaza miles de historias de personas sencillas y cotidianas, La gata soprano es un cuento transmitido de padre a hijo. Incluso las bandas de pueblo en Prèt á Porter o la ludopatía de Red Eyes están presentes en este hermosísimo disco.

En mucho momentos, Ay…, recuerda al Sr.Chinarro menos pop, el de sus primeros discos, en otro nos acordamos de los cuentos de Elle Belga en 1971, pero con un punto más adulto, profundo y oscuro. Sin duda alguna es un disco más que recomendable, que demuestra el buen nivel de la música nacional, y de lo que el concepto de cantautor supone mucho más allá de viejas vacas sagradas que viven de aquello que fueron y de lo que ahora apenas les queda un reflejo.

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